La metamorfosis

Este año decidí, según mi propia perspectiva y voluntad, comenzar a leer algo tranquilo. Había leído hacía muchos años La metamorfosis de Franz Kafka (seguramente en mis años de preparatoriano imberbe) y sin lugar a dudas me causó un gran impacto.

Es un clásico de la literatura que posiblemente no ha sido del agrado de muchos por haber sido impuesto escolarmente como lectura obligatoria. No fue mi caso.

Sin embargo, he de aceptar que después de muchos años solo recordaba el clásico "Tras una noche de sueño intranquilo, Gregorio Samsa despertó transformado en un enorme insecto"; empero, ha sido suficiente para recordarlo como una historia brutal.

Al re-leerla he encontrado esas cosas que pasan de largo en las primeras lecturas: las interiorizas, las vuelves tuyas, las masticas y las sufres más.

» —¿Bastaría con dormir un poco más para olvidarme de esta tontería?

» —Levantarse temprano es una soberana estupidez —pensó.

» —Los seres humanos necesitamos dormir.

Y es que resolver nuevamente el incidente de la transformación de nuestro Gregorio implica saber que, al ser víctima de un sistema capitalista donde el término "productivo" es el pan de muchos de nosotros, es meramente una forma de esclavitud a la que nos sometemos para ser siempre cucarachas desechables.

El primer pensamiento de Gregorio después de lo acontecido fue: "llegaré tarde al trabajo si no me apuro". Minutos después su jefe ya se encontraba frente a la puerta de su casa preguntando el porqué de la demora.

Pero, ¿qué pasa si enfermamos?, ¿qué pasa si de la noche a la mañana ya no somos capital humano? Nos convertimos automáticamente en un estorbo, en una carga que no muchos están dispuestos a llevar. Vislumbre en Gregorio a los enfermos, a los parapléjicos, a esos ancianos que necesitan de cuidados especiales como si de un bebé se tratase. En efecto, en muchos tristes casos hay familias Samsa que sienten libertad una vez su Gregorio muere.

Repasar la lectura de La metamorfosis, lejos de llenarme un hueco, lo hace más grande.

Carta al padre

Como aperitivo, el libro incluía Carta al padre. Debo decir que significó para mí más de lo que pude haber imaginado. Se ha de mencionar que la carta no es un cuento, no es una novela; es netamente una carta de más 100 hojas que Franz escribió para su padre, un completo compendio de reclamos y declaraciones que posiblemente pensó que podrían ayudar a sanar su relación.

La carta nunca fue entregada y nunca fue leída por su padre.

Al leerla puedes darte cuenta de lo compleja y complicada que era la relación, fundamentada totalmente en el miedo.

» Alguna noche yo lloraba pidiendo agua y no por tener sed, sino solamente para llamar la atención o para distraerme. Viendo que tus fuertes amenazas no sirvieron de nada, me sacaste de la cama y me dejaste en la terraza un momento, en camisa de dormir, solo, con la puerta cerrada.

» Años después sufría con la idea de que aquel hombre enorme, que era mi padre, vendría sin razón alguna a sacarme de la cama en la noche y llevarme a la terraza; lo que significaba además, que no era nada para él.

» El mundo para mi solo constaba de ti y de mi, por consecuencia la pureza terminaba en ti y la suciedad empezaba conmigo Y aunque la carta apela a ese apego con el Padre, Franz nos deja entrever que incluso la madre fue otra víctima de la que poco se ha considerado.

» Siempre fuiste considerado y amoroso con ella, pero en este aspecto la respetaste tan poco como a nosotros. La hicimos sufrir entre todos. No pensábamos en el sufrimiento que le causábamos, solo en nuestra común pelea, y nos desfogábamos con ella.

En cada una de las páginas de la carta hay dolor, hay sufrimiento, hay un reclamo de un hijo que me hace reflexionar, como padre que soy, sobre cada una de mis acciones y de mis palabras.

Los expertos kafkianos dirán que la lectura de Carta al padre es indispensable para entender obras como El proceso o El castillo. No lo dudo, hay una raíz psicológica en la relación con su padre. Yo solo puedo decir que, como padre e hijo que soy, me ha ayudado a mejorar y reflexionar en mis acciones.

» Es como un preso que tiene la intención de huir, y tal vez lo pueda conseguir, pero al mismo tiempo quiere reconstruir la cárcel y hacer un fabuloso castillo para él. Pero si se fuga no puede reconstruir y si reconstruye no puede fugarse.

Jorge Hernandez :: http://jorgeluis.com.mx

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