Martes 11 de Agosto, 2026
7:00 a.m.
Me vibra el reloj avisando que ya es hora de levantarse. Es periodo vacacional para los niños y mi esposa, pero yo debo laborar. Por suerte, jornada remota.
Me levanto, voy al baño, preparo café y prendo el ordenador.
7:24 a.m.
Es hoy, hoy han pasado justo 10 años de aquel post que hice en el 2016: “El tercer piso”. Abro el navegador, voy justo a ese post y comienzo a leer.
7:30 a.m.
Me siento gratificado y orgulloso de ese niñato de 30 años que escribía en ese momento, suspiro. Han pasado ya 10 años más. Doy sorbito a mi café, sigue muy caliente.
7:35 a.m.
Abro un editor de textos y comienzo a escribir esto. Tengo tiempo de escribir algo sobre el cuarto piso antes de comenzar mi jornada.
El Cuarto Piso
Siempre me pregunté, ¿Qué se sentirá ser un cuarentón? La verdad, me siento igual de bien que hace una década. Sí, de pronto la espalda comienza a tener indicios de cansancio por pasar muchas horas frente al ordenador, los ojos arden, y cuando me dispongo a leer por las noches me llegan el pesar del sueño.
Hace una década presumía lo increíble que era ser papá, y ¿saben qué? sigue siendo increíble.
La familia tiene un integrante más, así que sí, soy un afortunado papá de 2 hijos (hija e hijo para ser precisos). He tratado en la medida de lo posible no dar datos muy específicos sobre mi persona, mi vida o mi familia, prefiero nadar entre la ambigüedad (cuestión de seguridad). Ahora más que nunca cuido la identidad no solo mía sino de todos los integrantes, incluso somos carne de cañón no solo para oportunistas sino para los modelos de IA que rascan información por doquier.
Lo que sí puedo decir es que a partir de la llegada de mi hijo me he visto en la increíble aventura del aprendizaje, porque vino con torta bajo el brazo. Ahora no solo mi hija me obliga a estar al tanto de las cosas del mundo, si no mi hijo me obliga a estar al tanto de los avances de la neurociencia y a comprender mejor el mundo neurodivergente.
Mi hija ya es una adolescente, es hermosa como su madre. Compartimos muchos gustos y eso me hace pensar que al menos en eso se parece a mí.
No ha sido fácil; si comienzo a recordar lo que ha pasado durante este periodo ha sido intenso, pasamos no hace mucho por una pandemia, un evento catastrófico a nivel mundial que dejó muchos decesos y familias fracturadas. Muchos de nuestros queridos se fueron.
Hoy en día, el auge de la inteligencia artificial está dejando estragos, es una revolución que nunca pude haber previsto. En mis días de apogeo estudiantil universitario, los camaradas debatíamos sobre el momento en el que una IA pudiera superar el Test de Turing; eso ha quedado muy atrás. Y esto me hace pensar, ¿Cómo carajos estaremos en 10 años?
10 años pueden ser muchos o pocos según de donde se vea, pero en el mundo tecnológico, es mucho tiempo. Los gobiernos ya están inmersos, nuestra seguridad ya está vulnerada, no podemos competir contra esas máquinas/cosas y por más que quiero pensar en un futuro esperanzador (como en Homo Deus de Yuval), nos acercamos más a una distopía como «1984».
Pero no quiero terminar este post con cosas tan alarmistas. Sí, me aterra un poco ese futuro, pero también tengo muchas esperanzas de los cambios venideros de las nuevas generaciones.
Hace una década terminaba el escrito con “quiero estar presente aquí 10 años más”, sigo en lo mismo, aunque ya no suena tan fácil, el nivel ya tiene una mayor complejidad. Y más que quererlo, creo que necesito estar aquí, para ellos. Así que, estimado Jorge, nos vemos en 10 años más “niñato de 40”.
Jorge Hernandez :: http://jorgeluis.com.mx

