Juan Villoro decía que «son los libros los que nos eligen», incluso cuando creemos que somos nosotros quienes los seleccionamos en el estante de una librería o en una tiendita en línea.
El caso de los libros regalados es aún más poético: esa «selectividad» se siente como un truco de magia donde el gesto del donante se transmuta en un proceso alquímico entre letras, párrafos y poemas.
Terminé de leer este libro la semana pasada con la misma emoción con la que lo empecé. Este libro fue justamente un regalo nada mas y nada menos que de la propia autora, Kay Valle. Y es que no es para menos el valor que le adjudico; si el libro hablara, diría que fue toda una odisea pasar de sus manos a las mías. Gracias infinitas Kay.
El Diamante y el secreto de la fraternidad es una historia enigmática que toca temas inquietantes. El concepto de vida eterna a través de la eterna juventud otorgada por un extraño aparato del que poco conocemos su origen.
Pero mas allá de la magia (o alquimia), el no tener albedrío para decidir volver a ser joven es aterrador; y peor aún sí el momento en que la juventud regresa no depende de tu idea conceptual de serlo, si no del momento en el que fuiste feliz.
Esto plantea la pregunta al lector sobre, ¿Cuál ha sido ese momento en el que has sido mas feliz en tu vida? ¿Tu infancia, adolescencia, adultez? ¿Y qué pasaría si tu mayor felicidad llega apenas en la vejez?
—¡No! —gritó ella al empujarlo. Me resisto a vivir de nuevo la vida tal como lo había hecho. Si no deseas acompañarme lo haré sola, voy a romper con la costumbre de ser. —¿La costumbre de ser? —preguntó él sin comprender la frase. Ella aún más furiosa trató de explicarle. —Sí, la costumbre de ser, esa acción repetitiva que linda en locura, porque no importa qué tan insana sea la rutina o el estilo de vida, la persona está tan inmersa en ella que se vuelve natural. Y no es que se desee vivir así, es la necesidad que la obliga y lo más terrible de todo es que se acondiciona tanto que, ante cualquier cambio inminente, se resiste. Y te digo antinatural porque una de las características de nuestra especie para colocarse en la cúspide de la cadena alimenticia es no estar en un mismo sitio. Cambiar y adaptarse a los cambios fue y continúa siendo la base del éxito.
No todos los momentos que parecen oportunidades de cambio lo son; a veces son trampas mortales, agujeros negros de los que nunca encontraremos la salida.
De nuevo, gracias Kay, lo disfruté muchísimo.
Jorge Hernandez :: http://jorgeluis.com.mx


